Revista

De la edición de Enero-Febrero 2014.

Puente de la esperanza, enero/febrero 2014

Su última copa desencadena una derrota y el cambio

Llegué a Alcohólicos Anónimos por casualidad. Cuando escuché las primeras experiencias de mis compañeros, me salieron lágrimas, estaba asombrada de que ellos, con tragedias en sus vidas, reían, hablaran de sí mismos sin asustarse y de que hablaran de cosas de las que yo me avergonzaba.

Yo tenía la impresión de que era una alcohólica social, que sólo tomaba una copa y listo. Mi conducta era muchas veces peor sin alcohol. Sin beber hice cosas que una persona normal jamás haría. La pereza, la autoconmiseración, el egocentrismo, y la soberbia, no me dejaban ver quién de verdad era yo. Yo era una persona infeliz, inestable, sin metas, ni rumbo en la vida.

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