Revista

De la edición de Mayo-Junio 2014.

Una oveja perdida

Encuentra en los grupos y en la tribuna, su rebaño

Yo tenía una vida vacía, solitaria, y deprimente, pero cuando descubrí la nueva vida que me ofrece AA supe que no estaba sola. Gracias al apadrinamiento y a compartir mis emociones con los compañeros de los grupos pude aceptarme tal cual como soy y tener la vida útil y feliz que me ofrecieron al llegar al programa.

Crecí en medio de una familia disfuncional y desde muy niña fui testigo de las peleas entre mis padres. Los insultos y gritos de miedo, se repetían con regularidad, por esto yo siempre estaba tratando de buscar salidas para no ser agredida por mis padres. Mi madre huía de pueblo en pueblo para escapar del machismo y los celos de mi padre.

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