Revista

De la revista Julio 2014.

Cobrador cobrado

Comprueba que el alcoholismo es "desconcertante, astuto y poderoso"

Yo nací en un ranchito muy apartado de la sierra de Querétaro en
una pobreza extrema, y la necesidad de subsistir me llevó a la
ciudad. Allí me ganaba la vida ayudando a las señoras con sus
mandados en los mercados, limpiando zapatos en la estación central
de autobuses o vendiendo chicles, así fue como crecí. </p>
<p>De pronto, me encontré lavando autobuses y alternando el alcohol
y las mujeres. También, de pronto, se me dio la oportunidad de ser
cobrador de un autobús, porque el que hacía ese trabajo se había
embriagado a más no poder. Poco tiempo después, cuando se
disponían a eliminar el puesto de cobrador, se me dio la opción de
ser chofer, aunque para eso tuve que alterar mi fecha de
nacimiento. </p>
<p>Mientras todo esto ocurría, el alcohol estaba haciendo su
trabajo, y como todo buen alcohólico, cuando me dieron el uniforme
de chofer, la camisa, la corbata, y el pantalón color café, me
llené de orgullo, arrogancia y prepotencia.</p>
<p>Pero el alcohol cobraría tarde o temprano o “el que con hierro
mata a hierro muere”, esto se me viene a la cabeza por la manera
como se me dio y como se me fue ese puesto. Una mañana me
reportaron con aliento alcohólico, la segunda vez que esto pasó,
vino el despido y la pérdida del trabajo. Conseguí empleo como
chofer, transportando una marca muy conocida de refrescos. Ahí
encontré el escondite perfecto para mi alcohol, mezclándolo con el
refresco que yo tomaba. Hasta que choqué el camión, y otra vez el
despido. </p>
<p>En esas condiciones llegué a este país, buscando trabajo. Pero en
1996 me dieron mi primera multa por manejar bajo la influencia del
alcohol. Al año siguiente, un 27 de diciembre, dejé mi camioneta
en casa para evitar una segunda multa conduciendo ebrio. No me
dieron la multa pero en la madrugada del 28 de diciembre, al
cruzar la calle, fui atropellado.</p>
<p>En una ambulancia me trasladaron al hospital más cercano y de ahí
a otro hospital, en helicóptero. Estuve en coma por 78 horas,
desperté del coma, a pesar de que dicen que, “Dios no recoje
desechos”. Pero como el alcohol es “astuto, desconcertante y
poderoso” tenía que seguir sufriendo hasta junio de 1999, fecha en
la que recibí la segunda multa por conducir en estado de ebriedad.
</p>
<p>Llegué a Alcohólicos Anónimos por orden del juez y desde entonces
no tomo alcohol. Me mantengo en mi grupo y disfruto compartiendo
mi experiencia. Haciendo servicio he conocido todo el estado de
Oregón y el estado de Washington. Trato de expresar mi gratitud a
la vida, a Dios y a AA, por la gran oportunidad que tengo de ser
mejor padre, mejor marido, y mejor hijo. </p>
<p>Tengo un hijo que hoy está deportado y que padeció de mi
alcoholismo, también tengo una hija que sufrió de lo mismo, pero
también tengo un hijo que nació dos años después de mi llegada al
programa y está disfrutando de las mieles de AA. </p>
<p><em>—Anónimo</em></p>

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