Revista

La segunda oportunidad

En la cárcel aprende a perdonarse y a perdonar, junto a otros alcohólicos

Empecé a tomar a la edad de nueve años. Yo nací huérfano de padre y madre. Me crié con una tía y su esposo, quién me golpeaba por cualquier motivo. En la escuela yo era motivo de burlas por no tener quien me defendiera. Crecí en la pobreza y con golpes, y eso me marcó emocionalmente.

Crecí con toda clase de complejos y eso me llevó a usar una “válvula” de escape, el alcohol. En mi tierra, Honduras, hay una clase de licor que se llama caña brava, algo parecido al aguardiente, cuando lo tomaba sentía ese alivio temporal de todos mis males. Esa sensación me ayudaba a... Login to read more
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