Revista

Trágico desenlace

Era su día de descanso y fue su último día libre

Les escribo desde una prisión estatal de California. Me encuentro pagando una condena de quince años a cadena perpetua, por haber cometido un crimen bajo la influencia del alcohol y las drogas.

La razón por la que les escribo es para compartir con ustedes y con todos los que aun están sufriendo de la enfermedad del alcoholismo, mi experiencia vivida como alcohólico, y de cómo, a consecuencia de mi vida ingobernable, me vi envuelto en un crimen por el cual estoy cumpliendo una larga condena.

Espero que con mi testimonio, muchos alcohólicos tomen conciencia y busquen ayuda en AA para evitar el sufrimiento a sus seres queridos y a otras personas.

Nací en la ciudad de México y, como en toda gran ciudad, el alcohol y las drogas son el pan de cada día. Crecí viendo este estilo de vida y lamentablemente yo también caí en este mal camino.

Mi primer contacto con el alcohol fue a los trece años en una fiesta familiar. Recuerdo que ese día mis amiguitos y yo nos bebimos cada uno una cerveza a escondidas de nuestros padres. Tengo que mencionar que me gustó mucho lo que sentí al experimentar el alcohol en mi sistema.

Después de esta experiencia transcurrió aproximadamente un año para que yo emprendiera mi caminar como alcohólico y drogadicto.

A través de uno de mis cuñados y un amigo de la infancia, que ya era miembro de la pandilla de mi barrio, tuve mis primeras experiencias con estupefacientes e inhalantes, a la edad de catorce años. Comencé a relacionarme con las malas compañías aprovechando la ausencia de mis padres, ya que ambos trabajaban para sustentar nuestro hogar.

En esa época me hice miembro de una pandilla. Admito que me gustó el ambiente que vivía con estos “amigos”, pero, sobre todo, me encantó el placer que sentí al mezclar el alcohol con las drogas.

Recuerdo que, al principio de mi carrera como alcohólico y drogadicto, después de haber bebido mucho, me despertaba como si nada, sin resaca o cruda. No sé si era porque era muy joven o porque apenas comenzaba con mi enfermedad. Por supuesto que esto fue pasajero porque después llegaron las crudas morales y las lagunas mentales. Mi adicción creció como la espuma y poco a poco me hice un codependiente de estas substancias.

En aquel entonces mis padres hicieron todo lo que pudieron para que yo cambiara mi vida y me alejara de mis malos hábitos. Me llevaron con psicólogos, con brujos y hasta me internaron en un grupo de AA de 24 horas en el cual permanecí tres meses. Nada de esto funcionó porque yo nunca puse de mi parte para cambiar. Ahora sé que si yo hubiera tomado en serio mi estancia en AA y hubiera aplicado los Doce Pasos en mi vida, yo no estaría pasando este sufrimiento.

En aquel entonces pensaba que todavía no era tiempo para cambiar, porque aún era muy joven y todavía me faltaba mucho camino por recorrer.

A la edad de dieciséis años me junté con una muchacha muy buena y aunque mis padres no estuvieron de acuerdo con mi decisión de juntarme con ella, pensaron que, al tomar esta responsabilidad, yo cambiaría mi vida. Obviamente esto no fue así.

Esta valiosa mujer me aguantó todo, mis vicios, malos tratos, infidelidad, y hasta hambre. Por mi irresponsabilidad perdimos a nuestro primer bebé.

Por atender mis deseos adictivos nunca fui lo suficientemente responsable con mis obligaciones para con ella. A pesar de la mala vida que le di a mi mujer, ella me dio la dicha de ser padre por segunda vez. Nuestras familias creyeron que con la llegada de mi hija, ahora sí, yo sería otro, lamentablemente seguí siendo el mismo.

Durante siete años viví una vida activa de alcohol y drogas, seis años en México y un año aquí en California. A la edad de veinte años emigré a los Estados Unidos acompañado de mi alcoholismo y mi drogadicción. Dejé mi tierra con la ilusión de hacer una nueva vida, pero con lo que nunca conté fue que mi problema con el alcohol y las drogas aumentaría, ya que aquí es más fácil obtener ambas cosas.

En el año 1997 llegué a Los Ángeles, California, muy ilusionado y con muchas ganas de trabajar para poder sacar adelante a mi familia. La suerte estaba de mi lado porque a los días de haber llegado encontré trabajo. Aunque sentí una gran satisfacción al recibir mi primer sueldo en dólares, la alegría duró muy poco porque empecé a beber sin control.

Tomaba poniendo de pretexto que estaba solo, lejos de mi mujer y de mi hija, de mis padres y de mi tierra. Pero a causa de mi adicción dejé de enviarle dinero a mi familia. Lo que ganaba me lo gastaba en consumir. Mi estancia en Los Ángeles sólo duró un año, ya que participé en un lamentable crimen.

Ese trágico día yo me dispuse a disfrutar de mi día de descanso con una carne asada, en la compañía de mis compañeros de vivienda. Obviamente el alcohol y las drogas fueron parte de esta convivencia. Después de haber estado en esta carne asada, bebiendo y usando drogas, me fui a mi apartamento para seguir bebiendo.

Por la noche seguí tomando con mi cuñado y un conocido. Hubo una discusión entre este conocido y yo, y comenzamos a pelear, los tres estábamos muy borrachos. La pelea tuvo un final trágico y en pocos minutos fui arrestado.

Nunca había estado en la cárcel, pero ahora sé que con el estilo de vida que llevaba, tarde o temprano iba a cometer un crimen como el que hice. Siento mucho el gran dolor que ocasioné por mi irresponsabilidad y por mis malas decisiones. Pero, sobre todo, me siento mal por no haber puesto de mi parte cuando se me brindó la ayuda adecuada para abandonar mis malos hábitos.

Aunque es una vergüenza para mí haber tocado fondo de esta manera, este sentimiento también es una fuerza que me motiva a seguir adelante para hacer lo correcto, enfocándome exclusivamente en mi sobriedad.

Desde hace catorce años mi sobriedad es la prioridad número uno. Gracias a AA he podido encontrar mi sobriedad, apegándome a mi Poder Superior, Dios, y llevando el mensaje a otros alcohólicos y practicando los principios de AA en mi vida.

Sé que de esa manera podré mantenerme sobrio, porque ahora, más que nunca, amo mi sobriedad, porque en sobriedad puedo distinguir quién soy yo, y quién era la persona que acostumbraba a ser en el pasado. Ahora puedo ver la diferencia, cuando me encontraba bajo la influencia del alcohol yo pensaba que estaba en control. Me doy cuenta que estaba equivocado, estando sobrio sé lo que estoy haciendo.

Los Doce Pasos contienen las herramientas que AA me ha brindado para llevar una vida plenamente sobria, y sé que el día que salga de aquí aplicaré a mi vida cada uno de los Doce Pasos, pero, sobre todo, me dedicaré a mi Poder Superior, Dios, para obtener la fortaleza y la fuerza de voluntad adecuada para seguir viviendo una vida sobria.

En conclusión, espero que mi testimonio sirva de ejemplo para muchos alcohólicos que aún padecen de esta enfermedad mortal y progresiva. Ojalá ellos busquen ayuda en AA para que se eviten años de sufrimiento.

Gracias por darme la oportunidad de compartir mi experiencia y felices 24 horas.

—Carlos R., Blythe, California