Revista

De la edición de Mayo-Junio 2015.

“Manos que dan, nunca estarÁn vacías”

Inició su recuperación en Acapulco, México

Una tarde calurosa del año 1999, allá en el Puerto de Acapulco, estado de Guerrero, México, regresé a lo que había sido mi hogar, donde crecí al lado de doce hermanos, un padre alcohólico y una madre que se dedicó en cuerpo y alma a nuestro cuidado, cocinando, lavando trastes, ropa, y aconsejándonos que estudiásemos. Yo nunca quise escuchar consejos, tenía veinte años cuando ella murió. Parado ante su tumba no sabía si lloraba su muerte, o lloraba la soledad que llevaba por dentro.

Después de la muerte de mi madre, seguí mi vida normal, acompañado del alcohol, las drogas y el delito, esos tres jinetes que estarían conmigo muchos años más, y es aquí en donde comienza mi escrito.

-- Anónimo

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