Revista

noviembre/diciembre 2012: El mundo no cambia, nosotros sí

Con un abrazo rompen el anonimato y vencen las barreras que los separan

En una ocasión regresé a mi país, estaba muy contento con mi sobriedad, recuerdo haber llevado unas revistas de La Viña para regalar sin saber a quién ni cómo, algo de Dios siempre sucede. En esa época había grandes conflictos de índole político, con retenes de policía federal por todos lados. Se sentía una gran tensión y mucho temor cada vez que encontrabas un puesto militar. En medio de ese caos la gente no sabía qué esperar.

Yo me sentía feliz, paseando con mi madre y hermana y confiando en el Poder Superior que había adquirido en AA. Mi madre me miraba y me veía diferente: sobrio y sin tanto miedo, recuerdo que les dije: "el ejército nos va a detener y no pasará nada". Ella se angustiaba y decía: "ni Dios lo quiera".

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