Revista

Enero/Febrero 2013: “El vago aquel”

Atado al alcohol olvidó cómo se llamaba

Soy un alcohólico que sólo gracias a Dios y a la comunidad de AA ya no bebo. Nací en un pueblo en el Oriente de El Salvador, llamado Chinameca y a temprana edad tomé el primer trago de alcohol. Mas tarde me convertí en un esclavo de esta bebida. No me gustaba que se hablase en contra del alcohol, y mucho menos que por culpa de mi forma de beber llevaba mi vida hacia el fracaso.

Esto último era cierto ya que por mi manera de beber fui perdiendo el deseo de superarme o de estudiar. En octavo grado ya estaba fuera de control con la bebida, aunque había demostrado cierta destreza para el fútbol, el alcohol me causó deficiencias físicas y fui reemplazado por alguien con mejores condiciones. Sin embargo, en mi desesperación alcohólica estas cosas no me importaban. Mi madre me trasladó a la capital y aprendí el oficio de zapatero. Tuve la suerte de encontrar un buen patrón, pero él pasaba por alto todas mis faltas debidas a mi forma de beber. Mi alcoholismo cada vez iba de mal en peor, pero yo vivía ajeno a las consecuencias.

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