Revista

Mayo/Junio 2013: aunque llueve o truene, no bebemos

Experimentó el dolor más grande, en sobriedad

A la edad de trece años me botaron de la escuela por incorregible. Mi padre tenía un negocio de repostería y como castigo me dio los trabajos más duros de su negocio.

No consiguió su propósito, todo lo contrario, me gustó tanto el trabajo y lo hice tan bien que conseguí decirle adiós a la escuela definitivamente.

En Cuba se acostumbraba, tomar “la mañana y la tarde”, un traguito antes del almuerzo y otro traguito antes de la cena.

Todos los días al terminar la faena de la mañana y antes de salir a almorzar, mi padre llamaba a un trabajador y le decía... Login to read more
Not a subscriber? Click here to subscribe.