Revista

Julio/agosto 2013: Una cosa maravillosa

Finalmente el instinto maternal triunfa sobre su deseo de beber

Soy alcohólica y se me hace raro decirlo porque jamás imaginé que de mi boca saldrían esas palabras.

Cuando tenía dieciocho años era frecuente verme parada al lado de las licorerías con la esperanza de que un adulto me comprara dos botellas de vodka o una caja de seis botellas. Pasaba mis días trabajando, tenía un trabajo de sueldo mínimo en un restaurante de comida rápida o “chatarra”. Salía a las once de la noche y me iba manejando mi camioneta, directo a la licorería.

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