Revista

Ganándole a la tristeza, septiembre/octubre 2013

Con la ayuda de su padrino, lucha por alcanzar la sobriedad emocional

Llegué a un grupo de AA porque deseaba recuperar la familia. Mi esposa me había dejado, estaba desesperado, me sentía traumatizado pues era mi segundo fracaso matrimonial. Se podría decir que estaba loco y obsesionado, yo tenía la idea de que mi esposa iba a regresar, pero las esperanzas se alejaban cada día más.

Cada vez que subía a la tribuna era sólo para conmiserarme, pero aun así seguía asistiendo al grupo. Estaba muy deprimido y me sentía muy solo, como cuando era niño. Mi madre solía preguntarme qué me pasaba y yo me quedaba callado. Mi padre llegaba borracho y la golpeaba, eso me daba mucho miedo, sufría en silencio y me convertí en un niño tímido. Fueron tantas cosas las que pasé en mi infancia, nunca tuve ganas de superarme, ni de estudiar.

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