Revista

De la revista Septiembre 2017.

Veo y siento

El orgullo le impedía identificarse con el grupo

Estamos en un taller, uno más de los muchos talleres que ha realizado el grupo Esperanza, de San Antonio, Texas. Yo, la verdad sólo venía a cenar. Cuando anunciaron el taller de La Viña, dijeron que habría cena y eso me motivó a venir.

Pero, al escuchar a los oradores, me sentí tocada por algo, no sé exactamente qué fue, pero sus palabras me inspiraron y decidí escribir mi propia experiencia. Creo que estas fueron las palabras: “Tú puedes llegar a donde nosotros no hemos podido”, “regresa lo que desinteresadamente se te dio”, “si quieres permanecer en sobriedad tienes que regresar la dádiva, y la revista es una oportunidad para hacerlo”, esto fue lo que oí decir al orador.

Y todas esas frases me hicieron olvidar la cena. Se despertó en mí una necesidad de compartir parte de mi experiencia. Mis compañeros dicen que soy lenta de aprendizaje. No he aprendido mucho dentro del programa, dicen algunos.

Pero estoy viendo, sintiendo y escuchando cosas que antes nunca escuché ni sentí. Estoy haciendo cosas que en el pasado no podía hacer. Al llegar a Alcohólicos Anónimos estaba convencida que nadie podría ayudarme. Mi orgullo y mi soberbia desenfrenada me hicieron verlos muy tontos.

Pero de alguna manera persistí en asistir a las reuniones. Dejé de pensar tanto en mí misma y comencé a preocuparme más por las personas que sufren y no saben de esta solución. Ahora sé que mi egoísmo casi me mata.

Participar en AA no sólo me ha alejado de la botella, estando en este programa mis relaciones con la gente han mejorado, especialmente con la gente a la que más he lastimado. Esta forma de vida me causa una alegría de vivir que nunca imaginé sentir.

Agradezco a mi Poder Superior por haberme traído a Alcohólicos Anónimos, y por hacer de mí un instrumento de ayuda. Agradezco a mis compañeros por tener tanta paciencia conmigo y permitir que yo viva una vida de paz, felicidad y amor.

-- Anónimo.

San Antonio, Texas, USA