Revista

De la edición de Enero-Febrero 2018.

Ayudando a otras

Hoy su gratitud la lleva a las instituciones

Mi nombre es Marina V., soy alcohólica anónima, después de haber bebido y consumido drogas, químicos y permitirle a mi esposo, padres, hermanos, y a cualquier otra persona que opinaran por mí, que decidieran por mí, o sea que hicieran de mí todo lo que ellos quisieran.

La violencia doméstica me llevó al hospital por dos años, y luego al Hospital Patton, en San Bernardino, sin poder dejar de beber, pues aunque permanecía amarrada a una cama de pies y manos, una de las personas que limpiaba me traía, escondida en su cuerpo, una botellita de whisky que yo bebía a traguitos.

La locura continuó por seis años, un día me pararon de la cama y no pude caminar, no podía alejar de mi pensamiento el deseo de morir, quitarme la vida, porque mi vida, sin las personas que me abusaban, no tenía sentido.

Sinceramente me hacían falta, era adicta a los abusos o sea a la mala vida. Me atendieron con médicos, me hicieron caminar después de cirugías en piernas, brazo y columna vertebral. Me dejaron salir con una trabajadora social pero con una condición: tenía que ir a AA.

Salí del Hospital Psiquiátrico Patton y fui a AA. No podía parar de beber. El tres de enero de 2001 pedí ayuda, y desde entonces no he vuelto a beber, gracias a Dios y a mis compañeros del grupo “Nuevos Horizontes”, de Riverside.

Después de haber colaborado en todos los servicios me quedé participando en el Comité del Paso Doce, por un lapso de aproximadamente trece años.

Un día recibí una llamada del supervisor de la cárcel, en Riverside, una cárcel para mujeres. Me pidió que si podía entrar a ese recinto para ayudar a las mujeres que tienen cinco años o menos para salir y ayudar a prepararlas a integrarse de nuevo a la sociedad.

Con la ayuda de un programa de Doce Pasos, es un honor servir a los demás y sobre todo si son mujeres. En mi área la mujer no tiene mucha oportunidad, llega al grupo y no se queda, se enamora, hace préstamos y se va.

Agradezco a Dios y a los padrinos que han gastado tiempo, dinero y esfuerzo para que yo pueda seguir aprendiendo a encontrar cada día una vida nueva, así después de estar en el hospital psiquiátrico, hoy entro a la cárcel de mujeres, pero para ayudarlas. Si yo puedo cualquiera puede, con la ayuda de Dios y AA, tengo veinticuatro horas de sobriedad.

-- Marina V.

Corona, California