Revista

De la edición de Marzo-Abril 2008.

“Cómo nos engañamos con el alcohol...”

Siempre prefería vivir en un mundo de fantasía. La bebida parecía faciltarle la entrada a ese ameno aunque inventado reino imaginario que al fin se convirtió en un caos y una catástrofe.

Escribir esta historia me parece uno de los proyectos más difíciles de mi vida, quizás porque tiene que ser totalmente sincera. La sinceridad y la honestidad no han formado parte de mi vocabulario hasta que entré en Alcohólicos Anónimos y dejé de beber. No recuerdo haberme sentido nunca mejor que desde el último día que tomé la última copa, hoy por lo menos y de momento, desde que me levanté esta mañana, y lo único que espero es que sea así el resto de mis días. Mi gratitud es infinita a A.A. y a todas las personas que he conocido dentro de los diversos grupos, que me han ayudado a apreciar mi vida tal como es, y a poder enfrentarme a los problemas de manera directa y sin miedo. Dentro de A.A. he descubierto que usaba el alcohol para evitar enfrentarme a la realidad de la vida. Sin alcohol me siento como un ser humano, he adquirido el valor necesario para poder mirar de frente a todo lo que se presente, sea triste, desagradable, fantástico, o sea como sea.

Nací en el seno de una familia con una serie de problemas y dificultades que posiblemente no sean muy distintas de las de muchas otras personas. Sé que eso no justifica mi comportamiento ni mi adicción al alcohol. Sé también que muchas personas han tenido una infancia y unas experiencias peores a las mías y no se han refugiado en el alcohol ni se han comportado como yo lo he hecho en demasiadas ocasiones. Ahora sé que nací con la propensión hacia el alcohol y que, más tarde o más temprano, lo habría adoptado como quien recibe a un amigo, aunque en realidad fuera mi enemigo.

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