Revista

De la edición de Septiembre-Octubre 2009.

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Las primeras mujeres delegadas en las conferencias de servicios generales

En la primera edición del Libro Grande había la historia de una mujer, una sola mujer. Pero ahí estaba para que todos la leyeran: los primeros AA aceptaron el hecho de que las mujeres sufrían de alcoholismo tanto como los hombres. Debido al estigma social que por tanto tiempo ha perseguido a esta enfermedad, las mujeres han sido reacias a admitir un problema de alcoholismo, incluso a sí mismas. Enfrentémoslo: la mayoría del mundo todavía siente que “la mano que mece la cuna” no debe de ninguna manera sostener la botella de licor. Entonces frecuentemente hemos tratado de ocultar nuestro alcoholismo, a veces auxiliadas por familiares y amigos.

Poco a poco se hizo obvio que no había rincón lo suficientemente oscuro para ocultar a un alcohólico activo, hombre o mujer. Los intentos por excluirnos a nosotras mismas no cubrían los hechos ni traían la recuperación y “eso” no desaparecía. Progresivamente nosotras experimentamos más sufrimiento, confusión y una soledad abismal. AA nos había aceptado hacía mucho tiempo. Comenzamos a venir y nos dimos cuenta que funcionaba para nosotras también—este programa de recuperación de una madurez creciente y una nueva mirada que rápidamente eliminó el aura negra de la desesperación. Finalmente habíamos llegado y nos sentíamos en casa.

-- Ruth B.

Jackson, Mississippi

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