Revista

De la edición de Enero-Febrero 2005.

¿Por qué no entras?

En los ojos del hermano que entró a la reunión he visto una vez más el sufrimiento causado por el alcohol, y he notado el temblor del cuerpo, los sudores, el abandono del aseo personal, todo ello por causa de la manera de beber fuera de control. Cada vez que veo a alguien en ese estado retrocedo 9 años y me veo en el lugar del otro, cuando era un esclavo del alcohol.

Mi fondo fue profundo, sucio y denigrante. Me convertí en una persona enajenada, dominada por la botella. Tuve muchos líos, sufrí ingresos hospitalarios, carcelarios, perdí parte de mi familia, buenos trabajos. . . A todo esto yo no le daba importancia, ya que tenía a mis "amigos", que compartían la botella conmigo. La bebida no era de calidad, era puro alcohol industrial rebajado con agua común. Este brebaje se conoce en el escuadrón de la muerte como "caballo blanco". El primer trago era fuego vivo; los demás, pura delicia: el paraíso. Digo paraíso porque al embotárseme el cerebro comenzaban mis sueños de grandeza, sueños de un loco impotente e ingobernable. En ese cerebro también se anidaban las conmiseraciones por la pérdida de mis mejores años de vida, por el desengaño de mis padres (que en paz descansen) al ver cómo me estaba suicidando en vida y no escuchaba ruegos ni consejos. Recordaba todo esto hasta derramar lágrimas de arrepentimiento, mas, superada esta curda, todo pasaba al olvido y volvía a la carga de otra borrachera.

-- Ángel del T.

La Habana, Cuba

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