Revista

De la edición de Septiembre-Octubre 2000.

¿Por qué no entras?

Hermano, una vez más he visto en tus ojos el sufrimiento causado por el alcohol, te he visto acuclillado en las aceras soltando por la boca la mismísima vida; he notado el temblor no solamente de tus manos sino de todo tu cuerpo, los malos olores que despiden tus ropas producto del abandono total por falta de tu aseo personal y los malos olores impregnados en sus tejidos, todo ello por causa de tu forma tan incontrolable de beber. 

Aunque te conozco, no sé tu nombre, eso no interesa, lo importante es que si este modesto compartimiento llegara a tus manos en determinado momento de lucidez, no lo pases por alto, no lo deseches, dedícale unos minutos, lo demás lo hará tu buena voluntad y no tu fuerza de voluntad, si es que deseas dejar de sufrir todo lo que te he mencionado al principio de este artículo. 

-- Angel T.P.

La Habana, Cuba

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