Revista

De la edición de Mayo-Junio 1998.

¿Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza?

Este refrán es de una interpretación tan diáfana como el cristal de las copas en las que ingería durante mi vida de bebedor activo. Fue utilizado por mí miles de veces para demostrar a todo aquél que tuviera a bien escucharme que si agraviaba a las personas más queridas, si no era cumplidor con mi trabajo, si injuriaba a los que trataban de ayudarme, si robaba dinero, el afecto y el respeto a mi familia, si tenía problemas económicos, morales y espirituales, no era porque quisiera hacerlo, no era algo que pudiera cambiar, era sencillamente que: "árbol que nace torcido jamás su tronco endereza." 

En esa época de bebedor activo, este refrán fue mi amigo y compañero inseparable y el escudo que me protegía de cuantos pretendieran criticar mis actos, puesto que sólo un tonto no podía entender que nací torcido y jamás me enderezaría; que era corno era y no había nada que cambiar; que no tenía ni culpa ni responsabilidad por mis actos. 

-- Chugo R.

Lomas Verdes, Puerto Rico

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