Revista

De la edición de Noviembre-Diciembre 1998.

Pasar el mensaje es la mejor manera de mantenerse sobrio

Cuando ingresé en AA al Grupo Tapatío de Guadalajara, México, ya sabía que era alcohólico y que el alcoholismo es una enfermedad incurable. La historia familiar lo hacía indudable. Según relataba mi abuela, mi abuelo había muerto a los 24 años de edad a consecuencia de la bebida. Y mis hermanos Luis y Arturo fallecieron de 45 y 41 años respectivamente de cirrosis hepática. Mi padre, que también era alcohólico (aunque en los últimos 22 años de su vida no bebió), aseguraba que el alcoholismo es una planta que a los cien años retoña, nada más hay que regarla con alcohol. 

Empecé a beber "profesionalmente" a los 14 años y paré a los 43, al ingresar en AA. Pero muchos años antes había intentado, sin éxito, muchos sistemas para resolver los problemas que el alcohol me estaba causando, por ejemplo: había  jurado ante un Cristo, prometido solemnemente a mi esposa, había tomado antabuse, píldoras homeopáticas, asistido a sesiones de inducción hipnótica, reflejos condicionados. Estuve internado más de 20 veces en clínicas "antialcohólicas" y en el hospital para enfermos mentales de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios con diagnóstico de "etilismo agudo." 

-- Rubén V.

Sierra Vista, Arizona

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