Revista

De la edición de Noviembre-Diciembre 1998.

AA entre rejas

Regreso a casa
Escribo esta carta desde el Centro Correccional en Billerica, Massachusetts, donde cumplo una condena de seis meses — es mi tercera detención por conducir bajo la influencia del alcohol. No diría que soy un preso típico en esta cárcel, puesto que nunca he tenido dificultades con la ley fuera de mis detenciones por manejar borracho. Soy el primero de mi familia en ir a la cárcel, algo de lo que no me siento orgulloso. Estoy casado, pago los impuestos, tengo un buen trabajo, una educación universitaria, una casa y soy estudiante  de pos-grado de escritura creativa en una universidad de Boston. Pero al licor no le importan ninguno de estos detalles, no importa cuán digno de admiración parezcan. Aquí soy sólo un reo más que violó la ley. 

Sin embargo, me considero afortunado porque asistí a mi primera reunión de AA la noche siguiente a mi arresto, que fue casi seis meses antes de que me enviaran a la cárcel. Afortunadamente no tuve que caer aún más bajo antes de que estuviera dispuesto a rendirme, y por consiguiente tuve la gran suerte de llegar a la cárcel con seis meses de sobriedad y el programa de AA. Recibí mi "don de la desesperación" cuando me desperté en la celda de la estación de  policía donde ponen a los detenidos antes de sentenciarlos. Recibí este don inmediatamente después de decirme a mí mismo: "Lo hice de nuevo — juré que nunca volvería a beber y manejar, sin embargo volví a hacerlo." Me sentí enfermo al darme cuenta que había defraudado a mi esposa, mi familia, los amigos y a mí mismo, por no decir nada del hecho que no me había importado en lo absoluto haber puesto en peligro las vidas de otros. 

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