Revista

De la edición de Enero-Febrero 1997.

Desesperada por un trago

No recuerdo cómo comenzó el día. Sólo recuerdo que Gracias a Dios no bebí.

Mi esposo, nuestras dos hijas y yo habíamos estado cuidando la madre de mi esposo que tenía cáncer desde hacía dos años. Se había venido a vivir con nosotros el día después que mi esposo y yo escogimos la vida sobria. Mas llegada la víspera del aniversario de nuestro segundo cumpleaños, estaba desesperada.

-- Paula H.

Missoula, Montana

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