Revista

De la edición de Enero-Febrero 1997.

Compartiendo lo bueno - y lo malo

Lo pasé muy mal cuando entré a AA. Era testarudo y arrogante y era muy difícil para mí aceptar el concepto de un Poder Superior. Después de dar tumbos en AA por un par de años, mi padrino finalmente me convenció para que fuera a un centro de tratamiento. No me parece que de veras creyera en ellos, pero no sabía qué más hacer conmigo.

Cuando regresé del centro de tratamiento, mi padrino me puso a prestar servicio y me mantuvo tan ocupado que no tuve tiempo para preocuparme o para pensar en beber. Era uno de esos afortunados que cuando finalmente entienden que son alcohólicos es como si fuesen bendecidos.

-- G.P.

Phoenix, Arizona

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