Revista

De la edición de Enero-Febrero 1997.

El precio de la recuperación

Doy gracias por mis veintiún años de sobriedad continua. Mirándolo ahora, es verdaderamente asombroso que dejara de beber aún por un mes. Pero mi padrino me sugirió enérgicamente que construyera un programa sólido de acción basado en prestar servicio dentro de la Comunidad de Alcohólicos Anónimos. Las medidas que tomé en esos primeros años me ayudaron a cambiar mi vida. Las medidas que tomo hoy en día afianzan mi sobriedad y me permiten disfrutar más este mundo fabuloso.

Prestar servicio en la Comunidad, y pasar tiempo en las reuniones, era un buen comienzo, dijo mi padrino. Mas debía también aprender a practicar esos principios de AA en todos mis otros asuntos. Ello incluía cosas como mejorar mi mal genio con mi familia, tener una mejor actitud en mi trabajo y tratar a todos respetuosamente. Estas no eran tareas fáciles para un recién llegado que no sabía nada acerca de cómo actuar de una manera adecuada con los demás. Pero un día a la vez, he mejorado. Mi padrino me dijo que AA me pondría de nuevo en la corriente dominante de la vida y me daría la oportunidad de ser un ciudadano productivo. Cuando tenía veintitrés años, casi con un año cumplido de sobriedad (aunque todavía bastante atolondrado), mi padrino, su padrino y otros dos AAs me sugirieron que vender productos para los bares era una vocación magnífica para un borracho, pero que tal vez debería regresar a la universidad y aprender a ganarme la vida de una manera diferente en mi sobriedad. Las cosas empezaron a marchar bien, y cuatro años después me gradué de la universidad. Con esta nueva capacitación, y sin ningún plan de acción, decidí viajar por todo el país en busca de algo. Sin embargo, en vez de meterme de lleno en la corriente dominante de la vida, hice más trabajo voluntario con el Servicio General. De vez en cuando sí participé en organizaciones cívicas normales, grupos de iglesias y organizaciones profesionales, pero estas actividades “del mundo exterior” nunca me satisfacían plenamente, y siempre regresaba a la comodidad de las actividades dentro de la Comunidad de Alcohólicos Anónimos.

-- Paul F.

Craig, Colorado

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