Revista

De la edición de Marzo-Abril 1997.

De duelo, pero agradecida

Me siento compelida a compartir mi historia. Mi hermoso hijo de dieciocho años, Dennis, murió junto con dos amigos en un accidente automovilístico el 2 de julio de 1996. 

Este joven es una persona muy especial. Es mi primogénito y fue quien me dio amor incondicional por primera vez en mi vida. Mi historia no es agradable. Y tocar fondo bajo es una frase amable para describir el infierno por el cual pasamos mis hijos y yo. No podía imaginarme la vida sin este muchacho. El ánimo que él me daba y su orgullo y la confianza que tenía en Alcohólicos Anónimos eran excepcionales. Estos últimos días he caminado como una sonámbula viviendo una pesadilla de desesperación y de seguro habría bebido para ahogar el dolor a no ser por mi Poder Superior y la Comunidad. Nunca en mi vida me hubiera imaginado que no podría abrazar a mi muchacho de nuevo. Mi madrina ha sido maravillosa, siempre a mi lado, dándome el valor para enfrentar este evento con un poco de cordura. 

-- Linda A.

Toronto, Ontario

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