Revista

De la edición de Julio-Agosto 1997.

‘Pero no bebo,’ habla un gay hispano

En mis tiempos de actividad alcohólica, mi lema cuando me emborrachaba era: "Nadie tiene que decirme nada. Yo compro mi guaro y a nadie le hago daño. Mantengo mi vicio y nadie tiene derecho a juzgarme, trabajo y no le estoy pidiendo a nadie." Al echarme un trago, mientras miraba al vaso fijamente, me gustaba decir, "Salud y destrucción propia. El único perjudicado soy yo, no tienen por qué reclamarme o reprocharme nada." 

Me causé tantos daños y sufrimientos, me destruí mental, física y espiritualmente y al hacerlo no me di cuenta el daño que le causaba a mi madre y hermanos. En mis bolencas le pedía a Dios que me castigara y que hiciera conmigo lo que fuera, pero que a mi madre y hermanos no les hiciera nada.

-- Marvin M.

San Francisco, California

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