Revista

De la edición de Noviembre-Diciembre 1997.

¿Veterano yo?

Cuando se habla de los veteranos me imagino a un viejecito de unos setenta o más años de edad con unos veinte, veinticinco o treinta años de sobriedad; el clásico "estadista," callado y esperando ser llamado para esclarecer las dudas, enderezar entuertos, dar una sugerencia, apadrinar a alguien; sentado en las filas traseras, escuchando, dejando que los nuevos y no tan nuevos hablen, discutan y a veces hasta griten o, en el peor de los casos, quieran pelear en las juntas de trabajo del grupo. 

La realidad es parecida, pero no igual. Varios que conozco — quizá estén pisando los sesenta años o se hayan pasado — son dinámicos, no faltan a sus juntas, han recorrido toda la estructura de servicio, nunca dicen no, siempre están dispuestos a servir; recorren la ciudad, y a veces la república, yendo a compartir su experiencia a los eventos a los que son invitados. También apadrinan a muchos, entre ellos a mí cuando las cosas no salen como quiero, estoy deprimido, desanimado, devaluado, sin ganas de nada. Entonces es cuando reconozco su valía, lo indispensables que son en el grupo y en el servicio.

-- Fernando Q.

D.F., México

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