Revista

De la edición de Noviembre-Diciembre 2019.

La decisión más importante

Su vida estaba dominada por alcohol, hasta que ya no pudo más

Comencé a beber alcohol a los diecisiete años por curiosidad. Quería saber qué sabor tenía la cerveza, pero no me agradó, el sabor era muy amargo, por lo tanto, sólo me bebí la mitad. Sin embargo, me agradó el efecto que hizo en mí.  Pasaron unas semanas y ya no hice más contacto con el alcohol, pero estaba en mí cierta curiosidad de querer saber qué se sentiría si bebía más que esa mitad de aquella cerveza que me había hecho sentir muy bien. 

No esperé más y volví a hacer contacto con el alcohol una y otra vez, porque me hacía olvidar todos los problemas y frustraciones que había tenido en la niñez. El alcohol desaparecía todos esos problemas familiares. Mi padre falleció y yo bebía casi todos los días. Ya no era por simple curiosidad sino por necesidad, y ya no podía controlar mi manera de beber. 

Intenté muchas veces poder controlar mi manera desenfrenada de beber, pero nunca pude. Intenté dejar de beber de una vez por todas y tampoco pude lograrlo; me estaba ocasionando muchos problemas con mis amigos y con mi familia, en especial con mi madre. Trabajaba sólo  para pagar al cantinero, y eso me hacía sentir muy mal. Sabía que tenía un problema, pero no sabía cómo afrontarlo. Hasta que un día pensé que ese era mi destino, morir alcoholizado. Me había convertido en un esclavo del rey alcohol, ¿por qué digo rey alcohol? porque él dominaba mi vida. 

Hasta el día en que llegó el mensaje de AA a mi vida. Fue a través de mi hermano, pero no quise escucharlo. Le dije que yo era muy joven para llegar a AA, que iba a esperar un poco más y que yo le diría cuándo iba a acompañarlo. 

Pasaron cinco años para poder darme cuenta que en realidad yo era un bebedor problema, y que solo no podía mantenerme sin beber. Lo descubrí a través de mi última borrachera. En esa ocasión bebí tan descontroladamente que empujé a mi madre contra la pared. Al día siguiente me encontraba solo y aterrado, sin saber en realidad qué otras cosas había golpeado. Su ojo izquierdo estaba casi cerrado. No podía más y en la noche de ese día llegué a AA, claro mi Poder Superior hizo el milagro de conducirme al grupo “La buena fe”. 

Tenía veintidós años cuando llegué a la sociedad de AA, y desde ese día no he vuelto a beber. Hoy en día mi vida es muy diferente a cuando llegué, vivo con alegría y disfruto de mi programa de AA un día a la vez. Disfruto de mi nueva vida junto a mis nuevos amigos y compañeros de AA. Mantengo mi sobriedad ayudando a otros que sufren de alcoholismo. Gracias a mi Poder Superior (Dios) ya no necesito más del alcohol.

-- Francisco V.

Houston, Texas