Revista

Infracciones, noviembre/diciembre 2013

Su vida cambió, aunque ahora le toca pagar el precio de sus recaídas

Empecé a sufrir de la enfermedad del alcoholismo desde muy temprano en mi vida. A la edad de ocho años me gustaba jugar imitando a los adultos que se emborrachaban cada fin de semana. Sin tener la más mínima idea de lo que me esperaba y sin contar con la vigilancia de mi familia. Al cabo de unos pocos años estaba inmerso en el alcohol y las drogas, porque eso era lo único que me hacía sentir bien.

Junto con el desarrollo de mi enfermedad surgieron los problemas con la ley. Al principio, los castigos fueron breves, pero, pronto, al igual que mi enfermedad,... Login to read more
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