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May 1997

La sobriedad puede desatar una positiva reacción en cadena

La lucecita de mensajes en mi contestadora automática parpadeaba. Había estado fuera todo el día en una función de servicio de AA y estaba exhausto. Casi distraído, hundí el botón para escuchar las llamadas que había recibido. Creo que nunca olvidaré los sentimientos que me asaltaron mientras escuchaba. Era mi papá, quien había desaparecido hacía un par de meses y a quien había estado tratando de encontrar en vano. Me anunció que tenía noventa días de sobriedad en AA. Había esperado para darme la noticia hasta que “hubiera acumulado unos días" puesto que él había sido muy duro conmigo cuando me había hecho miembro de AA nueve años antes. Siempre que lo visitaba e iba a reuniones de AA, no me había apoyado. En los meses siguientes a esa llamada telefónica, mi papá y yo probablemente hemos hablado más que en el resto de mi vida — y nuestra comunicación emocional es real y honesta. Por primera vez en nuestras vidas platicamos acerca de cómo nos sentimos. Recientemente hasta pasamos un fin de semana juntos en un evento de AA. Todavía me cuesta trabajo creer que uno de nosotros vivió lo suficiente para estar en una reunión de AA juntos. Me digo que la espera valió la pena cuando veo la luz de la paz reflejada en sus ojos. La calidad de nuestra risa juntos es espléndida. Por supuesto que está pasando por las dificultades que muchos de nosotros encontramos al principio de nuestra sobriedad. Pero puedo compartir con él mi experiencia de cómo superé esos días. 

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