Revista

julio/agosto 2011: Licor en mi ataúd

El orgullo no le permitía ver sus defectos de carácter

Por vergüenza comencé a leer y practicar los Pasos.

Me faltan solamente cinco días para celebrar mis 49 años de sobriedad, y cada día que pasa, estoy más agradecido por mantenerme sobrio.

Cuando llegué al programa de AA había perdido muchos de los valores que mis padres trataron de darme. En vez de amor, tenía un profundo resentimiento contra todos los seres que me rodeaban. Mi sueño más grande era ser abogado para hacer justicia y meterlos todos a prisión.

Paradójicamente, deseaba que si moría de una borrachera, pusieran en todos los espacios disponibles de mi ataúd, las botellas de licor que cupieran.

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