Revista

noviembre/diciembre 2012: Con las manos vacías

Llegué a Estados Unidos en 1978. Cinco años después regresé a mi pueblo, derrotado y sin un centavo en mi bolsillo. Por mi manera de beber me deportaron después de haber chocado con una patrulla policial.

Yo no quería regresar a mi casa, tenía vergüenza de regresar de esta manera, no quería que mi mamá me mirara llegar así. Para mi sorpresa, al verme llegar se puso a llorar de alegría me dijo que a ella no le importaba el dinero. Ella lo que quería era que yo dejase de beber.

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