Revista

Enero/Febrero 2013: Un día más sin beber

Parecía que nadie podría ayudarle,que su caso era un “caso perdido”

A mediados del mes de mayo de 1993 fui enviado a un grupo de AA. Era un requisito para volver a obtener el privilegio de manejar.

En ese entonces tenía 27 años de edad, vivía con mi esposa y nuestro hijo. Tenía trabajo, dos carros, jugaba béisbol. Mis cuentas estaban pagadas al día, por lo tanto no creía que yo era un alcohólico.

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