Revista

Mayo/Junio 2013: desconcentrada

En las paredes del grupo encuentra las palabras mágicas

Recién llegada a mi grupo base no quería que nadie se acercara a mí, que nadie me dirigiera la palabra ya que imaginaba que me pedirían algo, mi dinero o mi “valioso” tiempo.

Más tarde noté que las personas se acercaban simplemente a saludar. Después de mi primera junta no estaba convencida aún que AA era el lugar indicado para mí, ¿cómo es posible que una niña de trece años esté en un lugar como éste? Yo apenas estaba empezando, no había probado muchas cosas. Mis padres me invitaron muchas veces y me negué, les decía que yo tenía otros planes. Pero la verdad era que yo ya no aguantaba la soledad en mi casa. Entonces decidí darle a AA otra oportunidad, me asustó mi manera de beber cuando estaba sola. Yo no quería terminar en el hospital como mi hermana y mucho menos quería que mis padres se dieran cuenta que su “nena” estaba descompuesta. En el camino hacia el grupo me sentía nerviosa y sentía que todos los miembros cuestionarían mi presencia en la junta. Pero nada más al entrar, recibí abrazos, junto con expresiones de cariño y aliento, “qué bueno que regresaste”, me dijeron.

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