Revista

De la edición de Julio-Agosto 2018.

“Yo no bebo alcohol”

Hoy puede hablar de sus defectos de carácter

Compañeros de AA: mi nombre es José, tengo treinta años y soy un “alcohólico drogadicto”. Me tomó doce años aceptarlo y decirlo con humildad y sinceridad, ya que para un joven en AA es un poco más difícil aceptarlo, al menos en mi caso así fue, ya que “la juventud” se convirtió en un defecto más de carácter.

Yo llegué a AA a los dieciocho años de edad y fue por medio de una tarjeta, pues la policía me paró y me mandó por noventa firmas. Cuando me presenté por primera vez, me recibieron como a todo nuevo y allí descubrí que el alcoholismo es una enfermedad progresiva y mortal. Me dijeron que, si quería tener una vida útil y feliz, tenía que parar de beber y apegarme a unos Pasos y Tradiciones. Además, me ahorraba de diez a quince años de sufrimiento. ¡Era fácil! Pero a mi edad no me parecía fácil, al año volví derrotado con una segunda tarjeta, unas semanas en la cárcel y una adicción más: a la droga. Seguí en el programa, logré dejar de beber por unos cuatro años, pero los problemas con la droga seguían. Me había convertido en un “adicto social” hasta que, la mujer que es mi madre, lo descubrió y me tuvo que internar en un anexo por veinticuatro horas. Estuve allí durante dos meses y medio hasta que me escapé. Me resentí con el padrino porque no me estaba apoyando y el encierro me había frustrado.

-- José Ricardo M. C.

Santa Ana, California

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